Viernes 12 de junio de 2026 Trenque Lauquen · Buenos Aires
150° ANIVERSARIO

El periodismo en el espejo de los 150 años: ¿Intermediación o intemperie?

Por Mariela Nazar

El periodismo en el espejo de los 150 años: ¿Intermediación o intemperie? 28/02

Hablar de medios en el 150° aniversario de Trenque Lauquen podría invitar a la nostalgia o al recuento histórico. Podría enumerar rotativas, recordar nombres o celebrar la fibra óptica. Temas que, sin dudas, forman parte del acervo cultural de la ciudad y sobre los que la familia Nazar ha hablado a lo largo de cincuenta años en La Opinión, en el aire de Omega, antes en Tribuna y más atrás aún en Atalaya.

Esta vez, desde el espacio de Mi Trenque, quiero hablar del carozo y no de la cáscara (permítaseme la expresión para adelantar el sesgo poco romántico de la nota).

La introducción no está ligada a ninguna cuestión emocional -por si eso fue lo primero que pensó el lector-; es la reafirmación de que en ciudades como ésta el periodismo nunca fue abstracto. Tiene nombre, cara y mesa compartida. La distancia entre periodista, concejal, intendente y comerciante es mínima. Esa cercanía humaniza, pero también condiciona, ya que nos obliga a construir una distancia crítica allí donde el vínculo personal tienta a la complacencia. Sin embargo, ese equilibrio artesanal entre la proximidad y el rigor hoy se enfrenta a un fenómeno nuevo. Lo que realmente define a nuestra comunidad en este aniversario no es solo cómo nos comunicamos, sino el riesgo de perder el lugar de la responsabilidad profesional desde donde lo hacíamos.

    • El mito de la democratización

Hoy celebramos que todos tengamos un micrófono en la mano. Pero comunicar no es lo mismo que democratizar; muchas veces es solo poder sin sensatez. Durante décadas, el periodismo local actuó como intermediario entre el poder político y la ciudadanía. No solo transmitió información: ordenó el debate, jerarquizó temas, formuló preguntas y sostuvo memoria. La vida pública no se organizó únicamente en los despachos oficiales; también se organizó en las páginas, en el aire y, más tarde, en las pantallas.

Esa tarea nunca se ejerció en el vacío, sino que requirió estructura, recursos y sustentabilidad. Sin embargo, hoy la intermediación se debilitó bajo una falsa promesa de gratuidad. La irrupción digital nos hizo creer que la información no tiene costo, cuando en realidad lo que se volvió invisible fue el trabajo profesional que la sostiene. Al regalar el trabajo, se entrega también la independencia. Hemos pasado de la plaza pública al tribunal de las redes, donde la reacción prima sobre el argumento y el periodista ya no responde solo ante el funcionario, sino ante la urgencia de un algoritmo que premia el impacto y castiga el análisis.

    • La solvencia como escudo

En este escenario, el debate sobre la pauta oficial suele enfocarse en el lugar equivocado. La pauta es un acto administrativo y constitucional, pero no es el único condicionante de la libertad de prensa, ni el más peligroso. La verdadera mordaza es la fragilidad económica que produce el "todo gratis", porque un medio que no es solvente -que se ha resignado a la desvalorización de su propio oficio- queda condenado a la precariedad en todos sus aspectos. Cuando la espalda económica se quiebra, la libertad de prensa deja de ser un problema filosófico para convertirse en un problema contable, y ahí es donde el poder gana por cansancio o por asfixia.

En mi experiencia y en el legado recibido, el periodismo local se midió siempre por la incomodidad que era capaz de generar. Pero para incomodar hay que tener un suelo firme donde pararse. Si quienes ejercen el poder -político o económico- se sienten cómodos ante todas las preguntas, es porque la prensa ha perdido su capacidad de resistencia. La independencia no es una declaración romántica de principios, sino la capacidad material de sostener un criterio propio frente a las presiones. Una comunidad no crece acumulando certezas compartidas para no molestar a nadie, sino por la calidad de los argumentos con que es capaz de discutir sus disensos.

    • Sostener la pregunta

A 150 años de historia, el desafío no es recuperar centralidad perdida. La intermediación ya no es exclusiva y no va a volver a serlo. El reto es sostener un lugar donde todavía sea posible preguntar y, cuando el debate se empobrece en adhesiones y rechazos, el periodismo debe reivindicar la duda razonada.

(*) Prof. de Letras. Ex directora de Diario La Opinión.