Martes 11 de agosto de 2026 Trenque Lauquen · Buenos Aires
OPINA Ing. Adhemar Enrietti
Ing. Adhemar Enrietti

Desde 2010 Docente y Auxiliar Docente FRTL-UTN / 2017-2021 Subsecretario de Servicios Públicos Municipio de Trenque Lauquen / 2006-2007 Director de Servicios Sanitarios y Alumbrado Público Municipio Trenque Lauquen.

 

¿Y si la solución no fuera traer más agua?

El desafío del recurso del agua en Trenque Lauquen ya no es solo construir más: es animarse a discutir un nuevo paradigma para administrar un recurso finito.

¿Y si la solución no fuera traer más agua? 08/08
 
Hay ideas tan arraigadas que dejamos de preguntarnos si siguen siendo las adecuadas.
Con el agua potable ocurre exactamente eso.
Durante décadas, cada vez que apareció una dificultad, la respuesta fue siempre la misma: más perforaciones, nuevos reservorios, más infraestructura. Es una lógica comprensible. Si una ciudad crece, necesita más agua. Si necesita más agua, hay que producir más. Durante mucho tiempo ese razonamiento funcionó.
Pero hoy quizás haya llegado el momento de preguntarnos si continúa siendo suficiente.
Porque tal vez el problema ya no sea cómo traer más agua potable a Trenque Lauquen.
Tal vez la verdadera pregunta que debemos hacernos sea otra.
¿Cómo garantizamos que cada vecino tenga acceso al agua de mejor calidad para beber, preservando al mismo tiempo el recurso que deberán utilizar las próximas generaciones?
La diferencia parece pequeña.
En realidad, cambia completamente la manera de pensar el futuro.
 
◾️ Un modelo que fue un enorme éxito
El sistema moderno de agua potable fue, probablemente, una de las políticas públicas más importantes de la historia. Permitió reducir enfermedades, aumentar la expectativa de vida y mejorar las condiciones sanitarias de millones de personas.
Ese modelo se construyó sobre una idea simple y extraordinariamente eficaz: toda el agua que llega a una vivienda debe reunir las máximas condiciones de calidad para el consumo humano. El Código Alimentario Argentino lo establece como obligación para cualquier municipio, cooperativa o empresa que preste este servicio. No es una opción técnica ni una decisión local: es una exigencia legal justa en su origen y necesaria en su momento.
Y gracias a ella hoy abrimos una canilla con la tranquilidad de saber que el agua puede beberse con seguridad.
Nada de lo que sigue pretende desconocer ese logro. Al contrario: precisamente porque ese sistema fue exitoso, creo que ha llegado el momento de preguntarnos cómo deberá evolucionar durante el próximo siglo.
 
◾️ Un recurso que dejó de ser infinito
Existe una diferencia fundamental entre el siglo pasado y el que estamos viviendo. Hoy comprendemos que los recursos naturales tienen límites. Los acuíferos no son infinitos. Su calidad tampoco.
Cada litro adicional que extraemos proviene de una reserva natural que también debemos preservar para quienes vivirán en Trenque Lauquen dentro de 30, 50 ó 100 años. Y esa realidad nos obliga a revisar algunas certezas.
Una ciudad que solo sabe responder al crecimiento extrayendo más agua termina, tarde o temprano, compitiendo con su propio futuro.
No porque el sistema esté mal diseñado. Sino porque fue concebido en una época donde el principal desafío era garantizar el acceso, no administrar un recurso cuya preservación hoy sabemos que también importa.
 
◾️ La paradoja que casi nunca discutimos
Todos los días producimos millones de litros de agua con calidad apta para consumo humano. Sin embargo, solo una pequeña fracción termina siendo bebida o utilizada para preparar alimentos.
La inmensa mayoría se destina a usos que no requieren ese estándar sanitario: descargar un inodoro, lavar un auto, limpiar una vereda o regar un jardín. No hay nada incorrecto en esos usos: son parte de la vida cotidiana de cualquier hogar.
Lo que merece una reflexión es otra cosa. Seguimos utilizando el recurso de mayor calidad -el más costoso de producir, el más exigente de mantener- para absolutamente todos los usos domésticos, sin distinción. Quizás esa fue la mejor respuesta posible durante el siglo XX. La pregunta es si necesariamente debe seguir siéndolo durante el siglo XXI.
 
◾️ Cambiar el paradigma
Durante años discutimos cómo producir más agua potable. Quizás ahora debamos empezar a discutir cómo utilizar mejor la mejor agua que ya tenemos.
Esa diferencia no es menor. Implica dejar de pensar exclusivamente en aumentar la oferta para comenzar a gestionar con mayor inteligencia un recurso finito.
El objetivo no cambia: que todo vecino tenga agua segura. Lo que cambia es la lógica con que lo garantizamos.
En lugar de entregar agua de máxima calidad para absolutamente todos los usos, el nuevo paradigma separaría dos necesidades que hoy tratamos como si fueran una sola. Por un lado, garantizar que el agua destinada al consumo humano directo -beber y preparar alimentos- sea siempre la de mejor calidad disponible, distribuida de manera que llegue a todos los vecinos sin excepción. Por otro, administrar el agua para el resto de los usos domésticos -el inodoro, la lavadora, el riego- con un estándar adecuado a esas necesidades, sin aplicar el costo más alto del sistema a usos que no lo requieren.
No es una idea teórica. El sistema de abastecimiento de Trenque Lauquen ya dispone de perforaciones con parámetros compatibles con las máximas exigencias sanitarias, ubicadas a aproximadamente 25 kilómetros de la ciudad. Ese recurso existe. No hay que construirlo. Hay que decidir qué hacemos con él.
Una posibilidad concreta es destinar esas perforaciones exclusivamente al consumo humano directo, administrarlas con rotación para preservar su calidad y distribuir esa agua a través de un sistema local de envasado -bidones de cuatro, diez o 20 litros- con participación de empresas de la ciudad. El Estado garantizaría el acceso gratuito para quienes no puedan afrontar ese costo a través de puntos públicos de distribución.
No es la solución definitiva. Es el primer paso de una lógica diferente. Y es, sobre todo, la señal de que esta comunidad está dispuesta a pensar el agua de otra manera.
 
◾️ Pensar más allá de nuestra generación
Cada generación recibe una ciudad que otros construyeron. Las redes de agua que utilizamos hoy son el resultado del trabajo, la visión y el esfuerzo de quienes nos precedieron. Nuestra responsabilidad no consiste solamente en mantener esa infraestructura.
También consiste en entregarles a quienes vendrán un recurso natural capaz de seguir ofreciendo agua de calidad. Eso exige mirar más lejos que el próximo presupuesto o la próxima obra. Exige pensar en décadas.
Trenque Lauquen tiene historia de encontrar soluciones propias cuando las respuestas no llegaban de afuera. Ese gen sigue estando. Pero para que se active necesita algo que muchas veces escasea más que el agua misma: un debate honesto, sin mezquindades, sobre lo que realmente importa.
Porque las grandes obras seguirán siendo necesarias. Pero las grandes transformaciones suelen comenzar mucho antes.
Empiezan cuando una comunidad se anima a formular una pregunta diferente.
Y quizás esa sea, precisamente, la conversación que hoy nos debemos.