Sábado 10 de octubre de 2026 Trenque Lauquen · Buenos Aires
PERSPECTIVAS

Una medida, un carro y tres pesos

Una medida, un carro y tres pesos 19/09

Por Shandal

Especial para MiTrenque

 

Hay papeles municipales que parecen no decir nada. Un nombre, una cifra, una palabra que ya nadie usa.

En uno de ellos aparece Isidoro Sánchez, de Treinta de Agosto. Oficio, lechero.

Después vienen tres anotaciones —una medida, un derecho de comprobación y un carro de reparto—.

 

Para entenderlas, hay que madrugar.

 

Antes del amanecer, lecheros como Isidoro Sánchez, Juan Bumatat o Fossat preparaban el sulky o el carro. Los tarros de chapa golpeaban entre sí mientras los caballos avanzaban por las calles de tierra de Trenque Lauquen, de Treinta de Agosto o de Beruti. En el pescante colgaba el jarro, la medida de medio litro o de un litro, cuyo tamaño debía ser comprobado oficialmente para que ningún vecino recibiera de menos.

Para salir a repartir no alcanzaba con tener leche, clientes y un caballo. Había que pasar por la Municipalidad. Cincuenta centavos por la medida, dos pesos por el derecho de comprobación. Y el carro se pagaba aparte, tres pesos, Inciso 10, derechos de oficina y patentes de rodados. Aunque el "rodado" tuviera cuatro patas y comiera pasto.

Queda el segundo cobro, el derecho de comprobación.

A mi abuela le encantaba comerse la gordura de la leche que empezaba a enfriarse con un pedacito de galleta. Dejaba el hervidor con la plata en la puerta de la casa, a la mañana iba derecho al fuego y duraba dos o tres días sin cortarse. Era cena asegurada: tazón de mate cocido con leche o un plato de maicena con vainilla o chocolate y a la cama. Del pie de la vaca a la mesa.

La confianza en el repartidor era crucial para evitar la leche "bautizada" o que la higiene de los tarros fuese dudosa.

Es de suponer que aquel derecho formaba parte de los controles con que el municipio vigilaba la actividad y la leche que llegaba a los domicilios. El "derecho de comprobación" no era solo un papel; significaba que el inspector municipal podía frenar el carro en cualquier esquina, meter un lactodensímetro en el tarro de chapa y comprobar si la densidad era la correcta.

El papel no explica mucho más.

Para entender cuánto pesaban estos papeles en el bolsillo, hay que ir a la ventanilla.

El libro muestra que el 26 de enero de 1944 Antonio González (recibo 114), José —el apellido ya no se lee— (115) y Juan Bumatat (117) hicieron fila para pagar lo suyo. El carro podía esperar. Bumatat volvió cuatro días después, el 30, a pagar sus tres pesos.

Los importes suben con los años. En las fichas de González y de Bumatat, los dos pesos con cincuenta de 1944 son, en 1947, tres con cincuenta. El carro también aumenta: de tres pesos pasa a cinco.

Para situar aquellos pesos en su tiempo, el kilo de pan costaba alrededor de cuarenta centavos y un diario, unos diez.

Más de ocho pesos, sumados los tres conceptos, para quien vivía de un pequeño reparto.

"No existe"

Hay una anotación que queda dando vueltas.

En la ficha de Isidoro Sánchez, en 1947, alguien escribió a lápiz dos palabras.

"No existe".

No sabemos si se refería al hombre, al domicilio, al carro o a la actividad registrada. El papel no lo aclara.

Los carros que recorrían las calles, las medidas de metal, los tarros de chapa y aquellos hombres que llevaban la leche de casa en casa tampoco existen ya.

Queda el papel.

 

Fuente: Archivo Histórico de la Municipalidad de Trenque Lauquen. Registro de lecheros, 1944-1948. Material documental reproducido a partir de copias del archivo.