Viernes 12 de junio de 2026 Trenque Lauquen · Buenos Aires
150° ANIVERSARIO

La cultura es lo que nos identifica, es su paisaje

Por Jorge “Alemán” Azpiroz (*)

La cultura es lo que nos identifica, es su paisaje 24/01

Nosotros, hijos del desierto y de la pampa extendida, de las distancias y de la vastedad del horizonte, sin más geografías que pastizales, montes y lagunas, no tuvimos muchas alternativas. No fuimos agraciados con espectaculares vistas ni asombrosos panoramas. En nuestro terruño no hubo ríos, playas ni montañas; solo campo y llanura melancólica. Nacimos en un lugar donde, como refugio, nuestra imaginación esteparia aprendió a correr salvaje como una liebre.

Nacimos de ojos llenos de distancias, en lugares donde podíamos beber auroras y crepúsculos y sentir la fragilidad de nuestra esencia ante tanta inmensidad horizontal.

Esos paisajes de gente…

Pero a falta de cimas y correntadas, teníamos yerras y carneadas, la taba y la sobremesa de guitarra, pastel y damajuana. Teníamos las tardes corriendo entre médanos y lagunas, navegando la vida sin barcos ni grumetes, aprendiendo —como muchos de los que nacimos en lugares similares— a viajar para adentro. A viajar hasta dentro del pensamiento…

Entonces, a medida que crecía entre surcos y gaviotas, comprendí que en mi ciudad, Trenque Lauquen, la cultura es lo que nos identifica. Y así como hay ciudades mentadas por sus entornos, por sus colinas o por su arquitectura, nosotros tenemos el paisaje interior. El que propone la gente que la habita.

En nuestra ciudad, el paisaje es su cultura, su gente.

Sueños y avenidas…

Laguna redonda en mapuche, sitio donde la raza inmemorial tejió una historia que no debemos olvidar, es una ciudad como tantas del interior: contenedora, cercana, donde los hijos juegan más cerca de la niñez. Con defectos y reproches, pero —si lo sabemos ver— también paraje donde el tiempo está más tiempo a nuestro lado.

Con carencias y abulias juveniles, con escasez de esparcimientos, en cada cuadra vive el saludo compadre, el abrazo compartido y tanta gente que dejó la vida para que estas avenidas contengan sueños nuevos en cada esquina.

Cultura y comunidad

Ciudad repleta de hacedores que desde la nada ¡dejaron todo! Y siempre, pero siempre, fue admirada por su abundante y ecléctica cultura. No solo la artística —que como en pocas ciudades supo parir decenas de agrupaciones de folklore, tango, cumbia, rock, coros, pintores, muralistas, bailarines, artesanos, poetas y escritores, que llevaron nuestro sentir por todo el país y más allá— sino también la cultura de la mesa, de la vecindad, de esos clubes donde el deporte fue abrigo y cobijo para tantas generaciones.

Trenque Lauquen es museos, bibliotecas, calles habitadas por grandes conspicuos (que no nombraré por su extensidad) y por maravillosos personajes que fueron mangrullo de nuestra comunidad.

Pertenencia

Todo eso es mi ciudad. Todo lo brillante y todo lo opaco, como la vida misma. Pero cuando uno ha vivido o recorrido otros lares, lleva siempre dentro este universo de plazas y parques. Vaya a saber por qué, pero “uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida”, como diría el Armando eterno.

Trenque Lauquen nos habita obstinado y, por más que a veces reneguemos, viaja con nosotros como una sombra que brilla. En mi caso, y en el de muchos, cuando nos toca decir de dónde somos, dónde nacieron nuestras canciones, uno suelta —hasta con orgullo— ese nombre originario y ancestral: soy de Trenque Lauquen, mientras se nos dibuja una sonrisa redonda como los juegos de la infancia.

El lugar donde uno vivió, sintió y amó es como un familiar querido. Puede tener defectos, pero… ¡vaya si valió la pena haberlo conocido y disfrutado!

Cuidar lo que somos

Y aunque el mundo, en su moderna individualidad, insista en alejarnos de la empatía pueblerina, no dejemos de persistir en mantener este lugar de esquinas encontradas, de charlas de café y cofradía; sigamos saludando al conocido y defendiendo ese refugio del “buen día”, todavía.

Tal vez nos conmueve hasta el abrigo saber todo lo que nos falta, todo lo que nos iguala y nos diferencia. Quizá porque nos parecemos más de lo que creemos; quizá porque no es más que el reflejo, el derrotero y la pasión de quienes la habitamos.

Celebración

Por eso canto y celebro —celebro y canto, como Whitman— este simple homenaje a mi ciudad. Habrá otras, repletas de bellezas inconmensurables, pero que me conozca tanto como Trenque Lauquen a mí, ninguna.

Para que no se vuelva “tristelauquen”, no abandonemos las plazas, la música, los festejos, las noches de sidra, la emoción sin cerraduras. De lo contrario, perderemos a los poetas, a los personajes; la guitarra perderá su arboladura. Se exiliarán quienes nos llenan la vida de libertad y de locura, y será solo un lugar más donde la alegría escape a la impostura.

La belleza brilla en la gente que perdura, convidando a cada paso la emoción, convidando a cada paso su ternura. La belleza es saberse en los demás: colectivo de emoción, sueño y cultura.

(*) Artista. Músico. Compositor. Escritor. Referente de la cultura de Trenque Lauquen. Su primera banda fue Agripina, en 1975. Y desde enero de 1984 comenzó Aleman Grup, formación con la que tocaron invitados por maestros como Lito Vitale, Bernardo Baraj, Lucho González y León Gieco y compartieron shows en destacados festivales de rock nacionales. Su libro Notas Ignotas reúne parte de los textos que durante 15 años escribió en diario La Opinión.