Sin coartada ni redención
Un policial de Hernán Sotullo en el que la voz narrativa se impone sobre el enigma.
Título: El enigma de los nogales.
Autor: Hernán Sotullo
Editorial: Autores de Argentina
Año de publicación: 2025
Por Mariela Nazar / Lectora
Especial para Mi Trenque
Aunque El enigma de los nogales se presenta como un policial, pronto se advierte que el misterio no es el único motor del relato. Antes que perseguir el vértigo del género, el autor se toma el tiempo de construir un mundo: un pueblo, un club, un grupo de amigos, las conversaciones compartidas, las costumbres que definen una forma de vivir. Es en esa pintura paciente donde la novela encuentra su identidad.
Hay una impronta costumbrista donde las descripciones cumplen la función de sostener la atmósfera. Los lugares no aparecen como simples escenarios, sino como espacios cargados de memoria, pertenencia y afectos. El lector termina conociéndolos con la misma familiaridad que los personajes.
Uno de los mayores aciertos del libro reside en sus diálogos. Sotullo no busca la naturalidad a través del silencio o la frase escueta, sino por otro camino: sus personajes conversan de café, de asado, de ajedrez, y en esa misma charla dejan caer a Borges, a San Agustín, a Atahualpa Yupanqui, un verso de tango. Lejos de sonar descolgado, ese cruce entre lo cotidiano y lo culto logra una marca de identidad del relato y de quienes lo protagonizan. Hay silencios, interrupciones, humor, ironías y complicidades que revelan mucho más sobre ellos que cualquier descripción.
El autor tampoco parece preocupado por satisfacer la ansiedad del lector. Se permite demorarse en una conversación, una escena o un recuerdo cuando entiende que allí se juega algo importante. Esa elección define el ritmo del relato y, al mismo tiempo, le otorga una personalidad propia.
La decisión de alternar registros narrativos tiene un resultado muy interesante. El relato cambia de ritmo y de perspectiva a medida que avanza la historia. Esa elección puede sorprender al lector acostumbrado a una estructura más lineal, pero responde a una búsqueda deliberada: acompañar las distintas etapas emocionales del protagonista sin quedar preso de una única forma de narrar.
Quien espere un thriller de acción ininterrumpida probablemente descubra otra cosa. Aquí el interés no pasa únicamente por resolver un enigma, sino por comprender a quienes lo atraviesan. La amistad, el paso del tiempo, la culpa, la lealtad y la memoria ocupan un lugar tan importante como la intriga policial.
Y cuando una novela consigue que el lector recuerde antes la voz que la historia, probablemente haya encontrado su rasgo más perdurable.
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