Las callecitas de Trenque Lauquen…
Especial para MiTrenque
09/03
(En respuesta a la consulta del lector Acha Juan C, quien debajo de la nota publicada el sábado Un código, los códigos, dejó la siguiente pregunta: “y porque son tan anchas las calles o avenidas a verrr?”)
Dicen que las ciudades se parecen a quienes las sueñan, y las nuestras nacieron de un sueño de horizontes abiertos. Si algún desprevenido camina hoy por el centro y se pregunta por qué nos sobra vereda y nos sobra cielo, la respuesta no está en el urbanismo moderno, sino en el polvo de 1876.
Nuestras calles de 30 metros de ancho no fueron un capricho estético, sino una urgencia de frontera. El General Villegas y el ingeniero Wysocki no buscaban bulevares para el paseo; buscaban aire para la defensa. En aquel cuadrado original de nueve manzanas, el diseño era una pieza de ajedrez militar: calles anchas para que los batallones pudieran maniobrar, para que el galope no tuviera freno y la respuesta urgente, ante cualquier alerta, fuera un latigazo.
Hoy, esas mismas distancias que antes servían para desplegar regimientos, nos regalan una luz que pocas ciudades tienen. Caminar por Trenque Lauquen es entender que nacimos para no estar apretados. Y cuando el sol de la tarde se viene por las ochavas, una lo agradece: acá hasta el viento se da el lujo de pasear sin pedir permiso.