Domingo 14 de junio de 2026 Trenque Lauquen · Buenos Aires
PERSPECTIVAS

Un código, los códigos

Por Shandal (*)
Especial para MiTrenque
Un código, los códigos 07/03

Acá todas las calles son avenidas. La mayoría con rambla en el medio. Si usted viene de afuera, prepárese: va a necesitar más que el manual de tránsito.

Porque en Trenque Lauquen los códigos no son uno sino dos. O más bien, dos familias de leyes. Las que nos permiten sobrevivir en la bocacalle. Y las que nos mandan a sostener la memoria de quienes convirtieron el momento en eternidad.

Ambas se aprenden por ósmosis. Ambas funcionan sin que nadie las haya votado. Ambas, si las ignorás, te dejan afuera.

Vamos a dar una vuelta. Acomódese. Y mire dos veces.

  • Primera ley: la del "masa en movimiento"

Arranco por la Villegas. En esa primera cuadra, si levanto la vista, está el Monumento a la Madre. Los ex alumnos del Politécnico lo pusieron ahí para recordarnos que el amor también se construye con esfuerzo. 

Paso el primer semáforo. Verde, como debe ser. Llego a la segunda esquina, freno, miro a la izquierda, no veo nada. La rambla, ese país extranjero, me tapa la visión del otro carril. Me asomo por encima del capot, como quien asoma un periscopio.

El de la izquierda ya arrancó. Técnicamente no tenía prioridad, pero aplicó el principio de "masa en movimiento". Frenarlo ahora implicaría una negociación más larga que dejarlo pasar. Lo dejo. Es la ley.

Doblo a la derecha, rumbo al parque. Ahí nomás, en la entrada, el monolito a Francisco Vignau nos recibe. Los que hicieron identidad del verde dejaron su nombre en una placa. Y su huella en nuestra historia.

  • Segunda ley: el duelo de miradas

Sigo por San Martín, rumbo a Sarmiento. En la esquina, otro auto. Nos miramos. El que desvía la mirada primero, pierde. Sostengo un segundo más, el otro baja la cabeza. Paso.

Ahí está Sarmiento, en su bronce. La educación también es prioridad, aunque nadie levante la mano para cederle el paso. 

Cuadras más adelante, el periodista. Ahí está el busto de Mariano Moreno, el de la Gazeta, el de las ideas que no se callaban. Uno pasa, dobla, ni lo mira. Pero él sigue ahí, con esa cara de "leé, pibe", que tienen los próceres cuando los ponen en una esquina.

  • Tercera ley: el lenguaje de las manos

Encaro para el oeste. Paso frente a la Clínica García Salinas. Ahí se curan cosas. También se recuerda a quien puso el hombro para que exista. 

Más adelante, en Simini y Monferrand, el monolito. Monferrand soñó ciudad donde había desierto. Uno frena, mira, hace una seña. El de atrás levanta la mano, palma abierta. Puede ser "gracias", "pasá vos" o "apurate". Nunca se sabe. La ambigüedad es parte del código.

Él, desde su bronce, debe pensar lo mismo. 

  • Cuarta ley: cómo ser peatón (por un rato)

Mañana es 8M. Sin pensarlo, me detengo frente a la Plazoleta Contepomi. El monumento nos recuerda la fuerza silenciosa de la mujer original en cada hogar de esta pampa.

Bajo del auto. Ahora soy peatón. Cruzo primero una mitad, llego a la rambla, mi isla de cemento, tomo aire, y encaro la segunda. Un paso al frente, una mano que se levanta, y los autos frenan.

  • Quinta ley: la del silencio en el centro

Me vuelvo al centro. Antes de sentarme en la plaza, paso por el Pasaje Illia. Ahí está la plaquita. Chiquita, discreta, como fue él. La decencia de un hombre en un pedacito de metal.

Y están todos los otros. Los del Hospital Orellana, los de los barrios, los de las placas que el sol va gastando. Esos nombres no están para que los miremos de lejos: son espejos donde abrevamos.

Me siento en el centro de la plaza. Frente a mí, San Martín, el Libertador.

A sus pies, los guardianes.

Ella empuña una espada, el orden civil que debe protegerse. Él sostiene un garrote, la determinación de defender esa libertad.

Y entonces recuerdo al gran Belisario:

"Padre nuestro que estás en el bronce,
grande eres, pero de bronce solamente;
en la plaza pública te erigen,
pero en el corazón de los hombres,
no sé si estarás..."

Y ahí caigo, junto con el atardecer.

(*) Y sí, frená y mirá dos veces. Yo, el del 1500.